
Seguramente usaste la palabra “organizar” un montón de veces sin pensarlo dos veces. “A nuestro curso le toca organizar la semana de las artes”, “Tenemos que organizarnos y votar con qué empresa hacemos el viaje de egresados”, “Hay que planificar bien la previa”, “¿Y si organizamos algo para el cumple de Nacho?”. Como vemos, en todos estos casos hay algo que comparten: tienen su propio funcionamiento, sus reglas, una identidad que las distingue de las demás y un objetivo en común. Justamente eso las convierte en organizaciones.
Por lo tanto, tanto una estación de servicio, un club de fútbol, una gran corporación multinacional o un pequeño negocio familiar, como el viaje de egresados o el cumple de Nacho que vimos antes, comparten lo mismo: sus propias reglas y funcionamiento, una identidad propia y un objetivo en común. La diferencia es la formalidad con la que se organizan. En este texto nos vamos a enfocar solo en las organizaciones en el ámbito de la administración de empresas, también llamadas organizaciones formales.
Pero existe un segundo contexto en el que utilizamos la palabra “organización”, estrechamente relacionado con el mundo empresarial y la administración de empresas. En las empresas es esencial que se organicen eficientemente para que su funcionamiento no sea caótico y puedan alcanzar sus objetivos, y por eso también tienen sus reglas de funcionamiento.
¿Qué es una organización?
Definición de organización
Una organización es un sistema social conformado por personas que comparten valores y trabajan de manera coordinada para llevar a cabo actividades destinadas a alcanzar objetivos compartidos. Para eso necesita utilizar distintos tipos de recursos, y cada persona dentro de la organización desempeña un rol o tarea específica, de modo que todos conocen su función en el conjunto.
Si desglosamos esta definición y la aplicamos a cualquiera de los ejemplos que mencionamos antes, vemos que se ajustan a cuatro principios fundamentales:
- Son sistemas sociales: en primer lugar, son sistemas porque operan con las mismas características que cualquier sistema, como la coordinación para lograr objetivos compartidos. Además, al estar compuestos por personas, adquieren la categoría de sistemas sociales.
- Existen valores compartidos: los valores son construcciones culturales o creencias que guían la toma de decisiones. Esto se ve tanto en un grupo de amigos que comparte valores como la honestidad y el compromiso para organizar el cumple de Nacho, como en una empresa donde la cultura organizacional se basa en valores compartidos.
- Necesitan usar recursos: una organización necesita utilizar distintos tipos de bienes y elementos para poder cumplir con su función, ya sean materiales, dinero, tecnología, información o las personas mismas que la integran.
- Existe división de tareas: es decir, una tarea que es muy larga se divide y se reparte en actividades más pequeñas, donde cada uno asume un rol. Esto es esencial para el éxito de cualquier organización. Ya sea en el contexto empresarial, donde se apoya en uno de los principios del taylorismo, o en una organización informal, como la planificación de un viaje de egresados, donde cada uno asume una responsabilidad específica: quién averigua precios, quién organiza la votación, quién arma el itinerario.
- Existe al menos un objetivo en común: es el cimiento principal de cualquier organización. Es la razón por la que nos organizamos, ya sea para el viaje de egresados, la semana de las artes o para alcanzar metas económicas en una empresa. Estos objetivos, para que funcionen bien, tienen que ser específicos, medibles, alcanzables, realistas y con un plazo definido — lo que se conoce como objetivos SMART.

Veamos esto como se aplica desde la perspectiva en administración de empresas.
La organización en administración: Todo lo que tienes que saber
Ya vimos que toda organización cumple con los principios básicos (sistema social, valores compartidos, recursos, división de tareas, objetivo en común). Pero cuando hablamos específicamente de organizaciones en el ámbito empresarial, aparecen otras características propias:
- Generan empleo: las organizaciones son una fuente clave de trabajo, lo que contribuye tanto al desarrollo de las personas como al progreso de la sociedad donde operan.
- Producen bienes y/u ofrecen servicios: según el sector en el que actúen, pueden dedicarse a extraer recursos naturales, fabricar bienes, vender productos o prestar servicios. Todas ellas son funciones esenciales para la economía y para la calidad de vida de la comunidad.
- Son parte de la sociedad: están conectadas todo el tiempo con personas, otras empresas y el Estado. Esta relación se estudia en economía a través del Diagrama de Flujo Circular de la economía.
- Tienen objetivos económicos: pueden buscar ganancias para sus propios dueños, accionistas e inversores (fines de lucro), o destinar sus beneficios al bienestar de la sociedad (sin fines de lucro).

Otras características de las organizaciones
Además de lo anterior, las organizaciones comparten estos otros rasgos:
- Son dinámicas
- Tienen distintos grados de complejidad
- Se pueden clasificar de distintas formas
- Adoptan una forma jurídica
Características de las organizaciones
1. Las organizaciones deben ser dinámicas:
Ninguna organización funciona aislada del mundo. Todas están inmersas en un contexto que las rodea y las afecta todo el tiempo — lo que en administración llamamos contexto organizacional. Este contexto cambia constantemente, y esos cambios pueden ser una oportunidad o un problema, según cómo la organización reaccione.
Por eso, las organizaciones necesitan estar atentas a lo que pasa a su alrededor y actuar rápido cuando hace falta corregir el rumbo. Esta capacidad de adaptarse es lo que les permite no solo sobrevivir, sino sacarle provecho a los cambios. Las que se quedan quietas frente a un contexto que se transforma, tarde o temprano, quedan afuera.
Un buen ejemplo es lo que pasó con la explosión de la inteligencia artificial en los últimos años: empresas que supieron incorporarla a tiempo a sus procesos ganaron una ventaja enorme frente a las que tardaron en reaccionar o directamente la ignoraron.
2. Las organizaciones tienen distintos grados de complejidad
No todas las organizaciones son igual de complejas. Un kiosco de barrio, por ejemplo, tiene una operación simple y directa: pocas personas, roles claros, decisiones rápidas.
En el otro extremo están organizaciones como un hospital o un banco, que necesitan estructuras mucho más grandes y complejas para funcionar. Pensá en un hospital: hay que coordinar pacientes, personal médico, personal administrativo, insumos, equipamiento y turnos, todo al mismo tiempo.
Entre estos dos extremos hay infinidad de distintas organizaciones con distintos niveles intermedios de complejidad, dependiendo de su tamaño, su alcance geográfico, el sector en el que trabajan y sus objetivos. Entender qué tan compleja es una organización ayuda a diseñar una estructura organizativa que realmente se adapte a sus necesidades.
3. Las organizaciones tienen distintos grados de complejidad
Para poner un poco de orden entre tantas organizaciones distintas, se las suele agrupar según ocho criterios:
- El sector de la economía en el que actúan.
- Su forma jurídica.
- Su tamaño.
- Quién es dueño del capital.
- El alcance geográfico de su actividad.
- Su origen o nacionalidad.
- Los productos o servicios que ofrecen.
- Cómo destinan sus beneficios o ganancias.
Podés ver el detalle de cada uno de estos criterios en Los 8 criterios de clasificación de empresas.
4. Adoptan una forma jurídica
Muchas organizaciones arrancan de manera informal —como el grupo que organiza el viaje de egresados— y funcionan así durante un tiempo. Pero cuando una organización crece o busca operar formalmente, necesita adoptar una figura legal reconocida, que le da un marco de derechos y obligaciones claros.
En Argentina, algunas de las formas más comunes son:
- Asociación civil: entidad sin fines de lucro creada para actividades culturales, deportivas, sociales o benéficas.
- Fundación: también sin fines de lucro, enfocada en bienestar social, educación, salud o investigación.
- ONG (Organización No Gubernamental): dedicada a causas sociales como derechos humanos o medio ambiente, generalmente bajo la figura de asociación civil o fundación.
- Sociedades comerciales: como la Sociedad Anónima (S.A.) o la Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.R.L.), pensadas para organizaciones con fines de lucro.
Cada forma jurídica tiene sus propios requisitos legales y fiscales, así como sus ventajas y límites. La elección depende de los objetivos y la actividad de cada organización, y siempre conviene asesorarse antes de tomar la decisión.

Conclusiones
Como vimos a lo largo de este artículo, toda organización —sea una empresa, un club o un grupo de amigos organizando un viaje— comparte los mismos principios básicos: es un sistema social, tiene valores compartidos, necesita recursos, divide tareas y persigue un objetivo en común.
Cuando hablamos de organizaciones en el ámbito empresarial, a esto se le suman otras características propias: generan empleo, producen bienes o servicios, forman parte activa de la sociedad y persiguen objetivos económicos. Además, cada una tiene su propio grado de dinamismo y complejidad, se puede clasificar según distintos criterios y, en algún momento, necesita adoptar una forma jurídica.
Entender estos conceptos no es solo una cuestión teórica: te da herramientas para leer mejor el mundo que te rodea, desde la empresa donde trabajás o vas a trabajar, hasta el club al que vas los fines de semana.
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